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Elevando globitos

Ruby Morales
Columnista de opinión

Que un supuesto globo de gas helio de piñatas, sobrevolando en la madrugada del pasado jueves, haya detenido por casi una hora las operaciones aéreas del aeropuerto internacional Eldorado de Bogotá, pareció un episodio armado para el loco Agente 86 y sus supersecretos ridículos.

Si no fuera porque en el entramado vanal del incidente se trata nada menos que de la “seguridad nacional”, la noticia de radio de primera hora, que nos mantuvo en vilo a muchos ciudadanos, no puede dejarnos más que perplejos. Y a otros, muy preocupados.

Y es que el aeropuerto militar de Catam, vecino a Eldorado, donde duerme el avión presidencial y toda la fuerza de naves aéreas disponibles con los expertos en inteligencia militar, para proteger y custodiar la capital del país, tampoco atinaron rápidamente a brindar información confiable.

Y la respuesta tardía a la confusión, que por simple es increible, se despachó con la versión del inocente globito escapado de alguna trasnochada fiesta de la zona… artilujo que dicen no pudo ser detectado por radares y daría confusión a los potentes binoculares que se supone abundan en estos aeropuertos estratégicos. Hasta se mencionó la posibilidad de un ovni…

En el entretanto de la noticia, también se dio amplias posibilidades de que podría ser un dron espía – de los muchos que abundan sin control- y hasta se especuló que algún país podía estar midiendo posiciones y nivel de seguridad para alguna acción o reacción bélica. Nada descartable.

Se podía sentir en la atmósfera de la noticia y de los “expertos en seguridad”, el terror inocultable de un latente y grave riesgo de que algún error nos lleve al inicio de una debacle de guerra.

Y no es para menos. Desde el pasado 23 de febrero, con el apoyo del ‘subpresidente’ colombiano, Iván Duque, al autoproclamado presidente venezolano, Juan Guaidó, los expertos en seguridad nacional no deben dormir tranquilos y saben que Colombia le pisó la cola y abofeteó al león de la crisis humana y de la estrategia energética y política de Venezuela y sus socios de Rusia, China, Turquía, Cuba…

La ruptura del mandatario Maduro en las relaciones con Colombia y el cierre de la frontera, no solo aisló a miles de familias colombo-venezolanas que antes se apoyaban como podían y caminando la frontera, movilizaban alimentos y medicinas.

También abrió la puerta de la incertidumbre, en un mundo plagado de mandatarios dementes, torpes y sedientos de poder y dominación a cualquier costo.

El asunto con nuestro país hermano es una olla a presión… y el riesgo evidente es mucho más que un impredecible juego de globitos.

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