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En cuidados intensivos I

Liliana Kleinner
Columnista de Opinión
Twitter: @LilianaKleinner

En una de las tantas reuniones que  comparto a diario, siempre es para mí emocionante y agradable escuchar a mis héroes de la patria, militares en buen uso de su retiro y/o algunos activos; aquellos que con orgullo,  dan todo por su país; y quienes estas dos columnas va dedicado a los Soldados de Colombia.

Cada línea a continuación es el sentir de lo que en el interior de las fuerzas militares de mi país, está sucediendo sin que nadie haga algo por sacarla de los cuidados intensivos en la que entro.

Un nuevo amanecer, pensar en el día que paso y en el día que llega, me viene a la mente mi niñez, mi familia, mis amigos de colegio, mis amigos de barrio, los juegos en la calle sin preocupaciones; pero también recuerdo la educación y los consejos de mis padres: el respeto, la verdad, principios, valores, los diez mandamientos, las oraciones al todopoderoso, me pregunto que paso con todo eso que en nuestra cultura pasaba de generación en generación. Recuerdo mi juventud, mi más importante decisión un poco difícil de tomar ya que la familia y mis amigos me replicaban que ese camino no era para mí, que chocaba con mi personalidad y educación y que si cogía ese camino no triunfaría, pero creo que en ese momento mi Dios me ilumino y entre a la carrera mas noble, mas prestigiosa, pero a la vez mas sacrificada y porque no decirlo la más desagradecida la carrera militar.

En la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova, fue una capacitación, entrenamiento fuerte pero no degradante, donde fortalecieron los indecisos conocimientos que me habían dado de Patria, Estado, Democracia, Derechos Humanos, Servicio, Sacrificio, Espíritu de Cuerpo, Honor, Lealtad, Valor y muchos más. Durante años recorrí la geografía nacional cumpliendo el lema de nuestro glorioso Ejército Nacional, “Patria, Honor, Lealtad” todo esto bajo los ojos, supervisión y compañía de mi Dios todopoderoso.

Con mis hombres vi y viví lo horrores de la descomposición social y cultural que provocaron unos pocos por las ansia de poder, por el ansia económico, por el ansia de nuestras riquezas, y que tristeza me da ver que la historia se repite, unos entes externos de nuestro país nos contaminan con ilusiones populistas pero no reales que poco a poco han ido destruyendo nuestra cultura, nuestros principios y valores, que tristeza, que dolor de patria, pero todo esto fue lo que más valor, coraje y deseos me dio para tratar de detener ese mal, ese virus que incrustaron en nuestra Patria, a través de los años nuestro glorioso Ejercito Nacional con sus valientes soldados han parado el avance de este virus por no llamarlo plaga, con un solo objetivo, un solo sentimiento que es el amor a la Patria, que es igual o mayor al que una madre siente por su hijo.

Desafortunadamente esa enfermedad abrazo y penetro algunos compañeros o lanzas como decimos en términos militares.

La institución detecta y neutraliza ese foco permeado y por eso sin ninguna visión política, social o económica se pierde el rumbo de la misión constitucional de nuestro glorioso Ejercito Nacional.  Continuará II


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