¿Uribe y Santos una guerra planeada o la historia se repite?

Por: Jefferson Durán

Por estos días en que más se han frecuentado las disputas y los tweets entre el ex-presidente Alvaro Uribe Vélez y su “Ex mejor amigo” Juan Manuel Santos, nos pone a pensar ¿qué tal si los que eran amigos, han estado simulando hacerse la guerra entre sí para fortalecer sus partidos?, que de por cierto en los últimos años han sido los que se han disputado la presidencia de Colombia.

Una pregunta que parece difícil de responder, porque si es así, han sido excelentes actores y se han dado con todo en el campo de batalla (Esto no parece lucha libre estadounidense).

Las peleas entre presidentes y ex-presidentes no son una novedad. Tres veces en la historia se han visto duelos entre presidentes de Colombia, con la ayuda de las redes sin duda alguna, esta ha sido la disputa más mediática de todos los tiempos, y no solo por la comunicación digital, sino también porque existen intereses colectivos y personales. El presidente Santos en lograr el Nobel de paz, Uribe en demostrar que podría haber hecho las cosas mejor, que podría haber logrado una paz sin impunidad y Colombia en lograr la paz en una de las guerras más largas y violentas del mundo.

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Fotografía cortesía: Periodismo sin censura

Las batallas que han marcado la historia de Colombia:

1. Bolívar y Santander

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Bolivar Vs Santander

La pelea entre Bolívar y Santander partió en dos al país.  Desde que se conocieron en 1813 durante la campaña libertadora en Cúcuta, la relación fue tormentosa. La primera diferencia se dio cuando Santander se negó a acompañar a Bolívar a la campaña libertadora de Venezuela y prefirió quedarse al comando de las tropas en Colombia. Sin embargo, a pesar de ese desaire, Bolívar lo siguió viendo como un hombre indispensable para la administración del Estado. Era ordenado y meticuloso, justo lo que no era él. Por eso, antes de su partida, lo designa como subjefe del Estado Mayor y jefe del Ejército de la Nueva Granada en 1818.

 Un año después el dúo logró su gran triunfo: la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Bolívar le regaló a Santander la hacienda de Hatogrande como su reconocimiento por su gallardía en el campo de batalla. Pero hasta ahí llegó la luna de miel. A partir de ese momento comenzaron las tensiones y los dos grandes protagonistas de la independencia de Colombia nunca volvieron a tener una victoria conjunta. El Libertador raras veces estaba en Bogotá. Primero hace la campaña de Venezuela, entre 1819 y 1822, y después se va al sur, a liberar Ecuador, Perú y Bolivia, hasta fines de 1826. Mientras tanto Santander empieza a alarmarse con el talante dictatorial de Bolívar y su propuesta de un presidente vitalicio, que consignó en la Constitución de 1819. Bolívar a su turno se enerva con el legalismo de su vicepresidente y le escribe en una carta privada:  “Yo soy el hombre de las dificultades, usted el hombre de las leyes”. Ese es el origen del término ‘santanderismo’, tan recurrido hoy para referirse al exceso de legalismo.

2. Mosquera y Obando

 Tomás Cipriano hizo parte de las tropas patriotas desde la adolescencia, mientras Obando formó parte de las tropas realistas que defendían a la Corona española. A comienzos de 1822, Mosquera se sumó a Bolívar y fue escogido como su edecán personal. Lo acompañó hasta 1826.  Ese mismo año Obando abandonó las tropas españolas y se sumó a los patriotas. En 1826, Mosquera fue uno de los promotores de la dictadura de Bolívar.  Obando rechazó esta iniciativa y en 1828, cuando Bolívar se proclamó dictador, se rebeló. Esto llevó a un enfrentamiento militar entre Mosquera y Obando en Timbío, en el cual los rebeldes derrotaron a las tropas mosqueristas leales al Libertador.

Obando, siempre pragmático, pactó a los pocos días con Bolívar. Esta reconciliación, tan cercana a su derrota militar, indignó a Mosquera. Pero en esos días de inestabilidad política pasaba de todo y las situaciones cambiaban radicalmente de la noche a la mañana. Con Bolívar fuera de la escena y Mosquera fuera de Colombia, Rafael Urdaneta se rebela contra el gobierno de la Nueva Granada y Obando encabeza su defensa en Popayán. Sus victorias militares aumentan su prestigio y le permiten ser nombrado ministro de Guerra y posteriormente vicepresidente del restablecido presidente Domingo Caycedo. Este eventualmente renuncia y José María Obando se convierte en presidente de la Nueva Granada hasta la elección de Santander.

En 1837 Santander apoya a Obando como candidato presidencial, mientras Mosquera respalda al vicepresidente José Ignacio de Márquez, quien resultó elegido. Durante ese gobierno, que duró cuatro años, Obando tuvo un bajo perfil, pues el sartén por el mango lo tenían Mosquera y su futuro yerno, Pedro Alcántara Herrán. Sin embargo, en 1839, un guerrillero preso por traición, Erazo, reveló que Obando había sido el autor intelectual del asesinato de Sucre. La animadversión entre Obando y Mosquera crecía a pasos agigantados y el país se había dividido en dos bandos. En medio de esa polarización, chismes y calumnias graves volaban de un lado a otro sin que se pudiera establecer qué era verdad y qué era mentira. Para Obando se colmó la copa y decidió desafiar a duelo a su rival. Este acepta y con testigos presentes se encuentran en el cementerio con los padrinos y armas respectivas. Pactadas las reglas del juego, los dos disparan y ninguno da en el blanco. En ese momento caminan el uno hacia el otro y se dan la mano.

Mosquera, cada vez más cercano a los liberales, ayuda a aprobar la Constitución de 1858. Cuando una rebelión en Cartago lo amenaza, decide nombrar a Obando jefe de las milicias que van a reprimirla, a comienzos de 1860. Los dos antiguos enemigos ahora son aliados y se enfrentan entonces al gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez. Ese enfrentamiento se convirtió en una verdadera guerra civil en que los rebeldes acabaron triunfando. Cuando estaban preparando un ingreso triunfal a la capital, Obando, quien pasaba por Subachoque, es atacado en una emboscada por las tropas conservadoras, quienes lo matan con lanzazos en la espalda. En un acto de sevicia sin igual, los asesinos le quitan el poblado bigote al cadáver y lo traen para clavarlo en la puerta de su casa, que quedaba a pocos pasos de la iglesia de LasAguas.

3. López Pumarejo y Laureano Gómez

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López Pumarejo

Entre Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo la amistad de jóvenes fue igual de fuerte al desdén que se tuvieron de viejos. Se convirtieron en la dupla imparable durante las sesiones de 1915 y 1916 en la Cámara de Representantes contra el régimen conservador de José Vicente Concha. La estrategia del binomio era clarísima: Gómez ponía la voz, la elocuencia y el gesto histriónico y López, que no era gran orador, ponía su estrategia y conocimiento único del país.

Circularon todo tipo de rumores frente a la inesperada enemistad. Unos decían que la relación cordial entre el liberal y el conservador era una bomba de tiempo, otros aseguraron que estando en Cartagena Gómez se enteró de que López había destituido a su hermano político, Apolinar Isaza, del cargo de tesorero general de la República y eso lo había enfurecido. Pero la verdad es que la razón era obvia: Laureano había nacido para la oposición y no podía vivir sino dentro de ella y López no estaba dispuesto a compartir con nadie el primer gobierno liberal después de 40 años de hegemonía conservadora.

La oposición de Laureano al régimen lopista comenzó con un artículo titulado ‘Kerensky, el hablador’ y terminó hasta su muerte. Todo lo que hacía López era sinónimo de error y locura. No había crítica que Laureano no hiciera contra su antiguo amigo, ni adjetivo o incluso calumnias que no adobaran sus ataques. Y López, desde el sillón presidencial, también le lanzaba duros dardos que alimentaban aún más la pelea.

Durante la primera administración López, entre 1934 y 1938, había un trasfondo ideológico. López con su ‘Revolución en marcha’ se había convertido en el líder de las masas. Promovió iniciativas progresistas sobre los derechos de los trabajadores, la función social de la tierra, la creación de la Universidad Nacional y muchas otras que pisaban muchos cayos en las elites tradicionales. Aunque visto desde la perspectiva de hoy eso no representaba más que un tránsito del feudalismo al capitalismo, en ese momento fue percibido como una amenaza socialista que podía poner en peligro la estabilidad del Estado. Laureano Gómez vio un campo fértil para encarnar los valores del establecimiento tradicional ante esa supuesta amenaza socialista. Dado que hasta ese momento los ricos nunca habían pagado impuestos, no le faltaron adeptos. Pero los indignados eran muchos menos que los beneficiados de esa nueva Colombia y a pesar de esa oposición implacable, López logró ser reelegido cuatro años más tarde.

Ese segundo cuatrienio no salió bien. López quería llevar más a fondo su revolución, pero ya no solo el Partido Conservador sino una parte del Partido Liberal querían frenarlo. La cruzada de Laureano a estas alturas dejó de ser ideológica y pasó a los ataques personales. El periódico El Siglo, del Partido Conservador, hacía todos los días denuncias como escándalos de la administración López. Palabras como la Handel, la trilladora del Tolima y Mamatoco eran recicladas permanentemente por los medios de comunicación azules como símbolos de corrupción.

Esa polarización no hizo más sino aumentar la distancia entre los dos jefes de los partidos tradicionales: López por el Partido Liberal y Laureano por el Conservador. Lo curioso es que a pesar de esa animadversión, nunca dejaron de preguntarle al interlocutor de turno. ¿Qué dice Laureano?-preguntaba Alfonso a sus amigos-, ¿Qué dice López?-cuestionaba Laureano a los conservadores que hablaban con el presidente-. Su último encuentro fue en un almuerzo que un amigo en común hizo en el antiguo Country Club. Los dos colosos se vieron la cara, se saludaron y se estrecharon la mano sin efusión. No hubo abrazos ni declaraciones de arrepentimiento. El único gesto de cordialidad fue después de la muerte de López, en diciembre de 1959, cuando el periódico de Gómez Hurtado, que nunca le había dado tregua durante su gobierno, abrió en primera página con un editorial que decía: “Con la muerte del doctor López pierde el liberalismo un paladín incomparable y la democracia colombiana uno de sus guías más perspicaces y esclarecidos”.

Consecuencias de la disputa:

Sumada a la actual, las cuatro disputas tienen elementos en común, la autoridad centrada en resultados (Bolivar, Mosquera, Laureano y Uribe) contra una linea liberal que se preocupa por lo social (Santander, Obando, López Pumarejo y Santos), en pocas palabras, nuestro país en muchas décadas no ha salido de lo mismo, el comportamiento de las peleas entre presidentes es repetitivo, en diferentes épocas, distintos problemas, pero con un trasfondo similar.

Las disputas entre Uribe y Santos, han significado mucho en la popularidad de cada uno de ellos. El senador Alvaro Uribe ha sido un opositor fuerte y muy efectivo que ha hecho ver mal a Santos y sus senadores, atacando fuertemente el proceso de paz del actual gobierno.

Los Colombianos en las últimas elecciones a gobernador y alcalde dejaron ver que no creen mucho en el retorno de los partidos tradicionales, y que centro democrático y el partido de la U, ya no son tan fuertes como se creía.

En las principales ciudades del país, candidatos independentistas se han hecho elegir porque los ciudadanos están cansados de que se les hable de lo mismos siempre,  ¿donde está la mejoría económica?, ¿ Donde está la generación de empleo?, ¿ Qué ha pasado con la educación, la salud y los servicios públicos?, la edad promedio de un colombiano por estos días esta entre los 25-50 años ( 41,6% de la población) , los que van a votar en las elecciones de 2017, no van a ser los de la generación “De voto por un tamal o por un plato de lechona” esto sin duda podría ser la oportunidad para que un país que logra la paz y que esta cansado de conflictos “pendejos” pueda cambiar la historia o por lo menos intentar confiar en otros individuos.

Con la baja popularidad que Alvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos han tenido últimamente, es muy probable que sus sucesores  Óscar Iván Zuluaga y Germán Vargas Lleras  respectivamente, terminen sufriendo las consecuencias. Si esta popularidad es realmente afectada, el próximo año Colombia podría tener un presidente de la izquierda o una linea independentista, en tal caso la pelea podría estar entre Gustavo Petro y Sergio Fajardo, que de por cierto son candidatos que ya han comenzado a generar popularidad en las diferentes ciudades del país, en el caso de Petro comenzó su campaña y piensa en “Colombia Humana”. (ver encuesta presidenciables pulso Colombia 2016)

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