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¿Por qué el alboroto si el agua de Bucaramanga ya está envenenada?

El agua de Bucaramanga ya está envenenada, y agoniza por cuenta de un par de enemigos que esconden su accionar en la propaganda que promueven los movimientos que se autodenominan ambientalistas y defensores del recurso hídrico. Estos son la minería criminal y los ciudadanos perezosos e irresponsables.

Por: Henrique Gómez Paris

Columnista de Opinión

@hgomezparis

Agosto 7 de 2017

Así es. El descubrimiento del agua tibia y tanto terrorismo en torno a que la minería va a acabar con el agua de Bucaramanga, viene siendo lo mismo. El agua de Bucaramanga ya está envenenada, y agoniza por cuenta de un par de enemigos que esconden su accionar en la propaganda que promueven los movimientos que se autodenominan ambientalistas y defensores del recurso hídrico. Estos son la minería criminal y los ciudadanos perezosos e irresponsables.

El primer enemigo, denominado minería criminal, fue el gran beneficiado de la marcha que el 25 de febrero de 2011 logró movilizar a cerca de 25 mil habitantes de Bucaramanga, bajo el slogan “agua si, oro no”. Lo sé porque en mi calidad de asesor de despacho de la Gobernación de Santander, tuve que coordinar e instalar en Bucaramanga la primera Mesa Regional de la Unidad contra la Minería Criminal y el Terrorismo, ante las alarmas que a escala nacional y local, encendía el desplazamiento de los mineros criminales de Antioquia a Santander, por cuenta de la imposibilidad que tuvieron los mineros formales y artesanales de seguir explotando sus títulos, por el efecto populista de las movilizaciones mencionadas.

Ese escenario, integrado por los Ministerios de Defensa y Ambiente, la Fiscalía, la Policía Rural y Regional, la Defensoría del Pueblo y otros actores institucionales, comenzó una labor de seguimiento en la que alcanzamos a detectar la venta disparada de mercurio y cianuro en Bucaramanga, y la presencia en Vetas y California de gente con acento foráneo que empezaba a apoderarse con herramientas intimidantes de la explotación del oro local. Ante la petición que llevé al Consejo de Seguridad Departamental para que nuestras Fuerzas Armadas llevaran a cabo un operativo de fuerza sobre la zona y así evitar la expansión de la minería criminal, los comandantes de la época tuvieron razón en mostrarnos que la problemática de la Provincia no era un asunto de seguridad, sino socioeconómico y de liderazgo político.

El segundo enemigo del agua, beneficiado por estas marchas y movimientos que solo sirven de propaganda política, somos los ciudadanos perezosos e irresponsables que vivimos en Bucaramanga. En 2012 tuve la oportunidad de conocer el municipio de Rafaela, en la provincia argentina de Santa Fe, cuyo modelo de reciclaje tiene reconocimiento internacional y les permite vender su asesoría técnica a otras ciudades del mundo. Por esos días en que me propuse traer ese referente a Santander, lo encontré innecesario ante la iniciativa que la doctora Consuelo Ordóñez ya adelantaba desde el Area Metropolitana de Bucaramanga (AMB) de implementar una política obligatoria de reciclaje, para lograr de una vez por todas que los bumangueses seamos considerados con el ambiente y no sigamos convirtiendo el tratamiento de las basuras en un punto negro de la administración de nuestra ciudad. Los ciudadanos no acatamos las exigencias del AMB y la normatividad terminó siendo un saludo a la bandera.

En 2014 adelanté un curso de Desarrollo Urbano Sostenible en Seúl, ciudad que cinco años atrás había implementado con éxito la política de reciclaje. Al indagar la forma de implementación, las diferencias con las que había intentado la doctora Consuelo Ordóñez eran imperceptibles. En ese momento corroboré que los bumangueses, conscientes de que somos unos inconscientes y desconsiderados con nuestro ecosistema, no queremos tomar cartas en el asunto y por eso terminamos cayendo incautos en la propaganda política de cuanto pregonero oportunista se vale de causas ambientales para ganar adeptos y votos.

No volvamos a caer en estos engaños. Si de verdad nos preocupa el agua de Bucaramanga, defendámosla con acciones que están bajo nuestro fuero, como reciclar y no arrojar mas deshechos a nuestro río, el Río de Oro. Marchar en contra de la minería es patrocinar a las organizaciones criminales que quedan con el camino despejado para alimentar un negocio que destruye sin límites todo a su paso. Marchar contra la minería es desconocer a uno de los sectores que por cuatro siglos ha soportado la economía regional. Marchar contra la minería es atacar a una población santandereana sana y trabajadora, que requiere de apoyo técnico y tecnológico para que su trabajo genere cada vez menos impactos ambientales. Sabido que hay oro, siempre habrá quien quiera hacerse a él, y ya que existe la oportunidad de inversión extranjera en el territorio y que sus títulos mineros no quedan en el páramo de Santurbán, se trata de un aliado que sin duda ayudará a que los bumangueses asumamos nuestra responsabilidad ambiental y respetemos los territorios vecinos.

 

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