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Nadie queda contento

Por: Laura Luna

Columnista de Opinión

@LauraMLuna

Noviembre 23 de 2017

“No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo”Woody Allen

 

El pasado domingo el abogado Humberto De la Calle ganó la consulta Liberal y es candidato presidencial por obtener 365.658 votos frente a los 324.777 de su oponente Juan Fernando Cristo. Y quiero expresar en mi opinión un resumen de lo bueno, lo malo y lo feo porque creo firmemente que esta jornada empieza a darnos a los colombianos herramientas fortalecidas para desempeñar el mejor rol en nuestro escenario político actual.

Lo bueno, los pocos votantes (sumaron alrededor de 690.000 votos efectivos) eligieron en su derecho liberal a un representante. Suena fácil y casi que absurdo señalarlo, pero ha sido el pueblo el que ha reclamado protagonismo y este método le da al ciudadano el derecho de elegir y no la obligación de aceptar un candidato impuesto a dedo por la alta dirigencia. El proceso fue democrático, digno de una república y no resultado de una dictadura.

Lo malo, fue solo una encuesta insignificante que no tuvo confrontación ideológica, cuyo ejercicio costó alrededor de 55.000 pesos por voto y que nos deja a la mayoría con la sensación de plata mal invertida. Es bien sabido que es dinero de todos el que financia este tipo de consultas, pero en este caso está específicamente destinado por la Registraduría para el cumplimiento de sus funciones y no puede ser direccionado a otros aspectos que consideramos más valiosos como la salud o la educación. No obstante, causa una molestia cercana al dolor de patria porque parece que, en una casa sin jardín pagamos por una podadora.

Y lo feo, la polarización agresiva, la indignación sin acción y la desinformación. Lo primero es que parece que los colombianos necesitamos razones diarias para la división. O uno apoyaba la consulta o la rechazaba. Y resulta que es más valioso resaltar lo positivo y reevaluar lo negativo en el ejercicio de las elecciones, que vociferar improperios ante los resultados. O eso creo yo.

Luego viene el análisis ante los miles de ataques negativos por la inversión económica de la consulta. Es verdad, es carísima. Sin embargo, queridos indignados, esos precios no son nuevos. Los procesos democráticos son en general, muy costosos en relación con las decisiones unánimes y no por eso dejan de ser necesarios. Acá aplica la regla, de que lo bueno vale. En lo personal si el tema es de inversión irracional de dinero, me preocupan más los 39 millones de pesos que costó la canela del Plan de Alimentación Escolar en Cartagena.

Finalmente, la desinformación ha sido nuestro verdugo más recurrente. Leamos nuestra constitución y aprendamos en detalle los procesos bajo los cuales legalmente se eligen nuestros candidatos. Participemos en política, evaluemos la reglamentación, revisemos propuestas y propongamos cambios si los creemos necesarios. La inconformidad debe ser un motor y dinamizador de cambio, no un sofá cómodo desde el que se emiten juicios y se alientan insatisfechos en redes sociales.

Enmienda: Mi apoyo y solidaridad con el columnista Henrique Gómez París y los colegas del equipo periodístico de Carácter, por amenazas de muerte tras las denuncias contra el Alcalde de Bucaramanga y las mentiras sobre Santurbán. Que no quede solo en la constitución nuestro derecho a la libre expresión.

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