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Populismo de izquierda insiste en hacer politiquería con Santurbán

Hay que exigirle al populista de izquierda Leonidas Gómez que se lleve sus obras de teatro a otra parte, y al alcalde Rodolfo que se dedique a gobernar en serio a una Bucaramanga que demanda resultados.

Por: Henrique Gómez Paris

Columnista de Opinión

@hgomezparis

Julio 19 de 2017

La esperanza de quienes vieron en Leonidas Gómez y en Rodolfo Hernández la renuncia a la corrupción y la politiquería, es cosa del pasado. En el lugar de tan noble y justa aspiración ciudadana, se devela el populismo más perverso y ruin que puede alcanzar a una sociedad democrática, y que pactó ayer la unificación de esfuerzos, luego de que las huestes populistas de izquierda lideradas por Gómez, fueron recibidas en el despacho del Alcalde de Bucaramanga con miras a la madre de todas las marchas que proyectan llevar a cabo este año.

Antes de compartir mis razones, es menester aclarar el alcance del populismo, término que entiendo como la propaganda que convoca al alcance colectivo de valores que solo se pueden lograr a escala individual. Por ejemplo, vender la paz como propósito colectivo cuando es un estado de cada ser humano, es un acto populista. De igual manera lo es vender la lucha contra una corrupción histórica, haciendo creer que es un fenómeno exclusivo de hoy y que se soluciona atacando a unos cuantos amigos de lo ajeno.

Tal cual es el populismo de Rodolfo Hernández. Engañando a la gente con vivienda gratis y empleo automático, Rodolfo se hizo elegir Alcalde en 2015, pero distrae el cumplimiento de sus promesas con el combate a la corrupción, discurso que lleva 18 meses repitiendo para que las masas lo aplaudan y no le exijan resultados de sus promesas de campaña ni frente al desborde de la inseguridad y el desempleo. Para contar con la excusa perfecta, vendió la muy dañina mentira de que Bucaramanga está quebrada, lo que hace que su decreciente pero aun significativo grupo de seguidores, lo defienda con tristes argumentos como que quiere que haga sin plata.

Ese populismo aumenta la conformidad y la indiferencia, porque distrae a las masas de la solución de los problemas reales de la sociedad; hace inevitable la polarización porque trata de ganar audiencia promoviendo la enemistad hacia el grupo que se señale como responsable de todos los males; y hunde a las sociedades en el fango de la ignorancia y la dependencia, pues termina manteniendo adeptos a discursos en lugar de convocar ciudadanos productivos y competentes.

Ahora el sello de Hernández confluye con el teatro populista de Leonidas, quien coge como caballito de batalla al páramo de Santurbán: un ecosistema que involucra más a Norte de Santander que a nosotros, y cuya conservación es competencia de la Nación y no de debates políticos de Bucaramanga. Pero como la gente no lo sabe, y ya se ensayó en el pasado la venta del cuento del envenenamiento del agua de Bucaramanga ¿por qué no apelar de nuevo a la conocida herramienta?

Hace unos 6 años, el ejecutivo de un gremio de la Ciudad promovió la marcha del agua si oro no, que resultó multitudinaria. Lo único que se logró fue el retiro de la inversión extranjera, la pérdida masiva de empleo formal, el ingreso a Vetas y California de bandas criminales, el aumento en Bucaramanga de la venta de cianuro, y la candidatura al Senado del frustrado promotor.

La alianza de ayer debe ser contrarrestada con toda la vehemencia posible. El territorio Santandereano, así como no se prestó para la estafa de DMG, tampoco puede permitir que se lo tome el populismo. La nobleza de nuestra raza no es superada por la contundencia de nuestro carácter productivo y vertical. Hay que invitar al populista de izquierda Leonidas Gómez a que venda sus obras de teatro en otra parte, y a Rodolfo que se dedique a gobernar en serio a una Bucaramanga que demanda resultados. 

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